El bao ya no se distinguía del humo de los cigarrillos que estaba fumando. Uno tras otro los encendía, y creaba una nube constante que cubría su cara. Una mujer misteriosa que nadie quería conocer. Una mujer misteriosa que todo el mundo creería conocer. Sostiene un cigarrillo con su mano derecha y con la mano izquierda despeinaba su pelo marrón descubriendo sus ojos. Un mundo nuevo acechaban a los que la miraban, un mundo de color azul con rayas de color negro. Un mundo que parecía bonito desde el exterior, pero que era temerario y asesino al primero que se acercara. Una mujer misteriosa con las piernas cruzadas y un brazo encima de otro, protegiendo su delicado cuerpo del mal que pudiera llegar a ella.
Claridad y calma le llego, sumergíendola y no dejándola hasta que quisiera. Unos pasos se escucharon, resonaban en la calle como si un monstruo se acercara a ella y no la dejara en paz. Si era un monstruo, si era lo que ella mas temía, ¿como se iba a proteger de eso? Abrirse, sentirse débil, inhábil para funcionar, todos esos sentimientos empezaban a tomar control sobre su cabeza, un control que ella solo acababa de recuperar. -Otra vez no-, murmuró para si misma. Los pasos pararon, pero eso solo quería decir una cosa, la bestia que le acechaba que le hacia sentirse débil estaba detrás de ella.